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lunes, 14 de enero de 2013

EL MAR SIEMPRE DEVUELVE LO QUE NO ES SUYO.

Me gusta encontrar relatos que había olvidado que escribí. Sobre todo cuando los releo y, a pesar de ser míos, me gustan.





EL MAR SIEMPRE DEVUELVE LO QUE NO ES SUYO



Claudio se despertó antes de que amaneciera, como todos los días desde hacía seis meses. No encendió la luz, ya no le hacía falta. Había aprendido a moverse a oscuras por el dormitorio, a localizar la ropa que Rosa había dejado colocada en el sillón antes de que se acostaran, a vestirse a tientas. Todo por no despertarla, por no sacarla de ese sueño que tanto le costaba atrapar cada noche.
Tanteando paredes y muebles llegó hasta la cocina y, con la tímida luz del frigorífico abierto, se sirvió un vaso de leche y se la tomó fría, sin calentarla, porque el microondas hacía mucho ruido.
Ya en la calle, miró hacia el cielo para comprobar no había nubes que ocultaran las estrellas ni viento que moviera las ramas de los árboles y se alegró pensando que eran señales en una pesca abundante y fácil.
Al llegar a la calle de la Lonja entró en el bar de Luisón. La oscuridad de la noche empezaba a disolverse empujada por la luminosidad azulada que empezaba a asomar por Levante pero, a pesar de lo temprano de la hora, el local estaba lleno. Claudio conocía a varios de los clientes, algunos eran mayoristas que compraban partidas enteras de pescado que luego repartían por ciudades y pueblos, otros eran comerciantes que tenían su propio negocio y que podían permitirse el lujo de prescindir de intermediarios. Le pareció ver, al fondo de la barra, al dueño de un conocido restaurante de la costa, un local de esos modernos en los que la carta está llena de nombres que nadie sabe lo que significan y el plato es diez veces más grande que la comida. Claudio despreciaba ese tipo de restaurantes porque estaba seguro de que nada puede superar a una buena caldereta hecha como Dios manda.
—Buenos días, Claudio —saludó el dueño del bar—. ¿Lo de siempre?
—Lo de siempre.
El alcohol del carajillo le raspó un poco la garganta pero, al cabo de unos segundos, le llenó las venas de un agradable calorcillo.
  —Hoy habrá buen género —dijo Luisón, por decir algo, mientras pasaba una bayeta por la barra.
—Sí —contestó Claudio.
Se acabó el café de un trago y dejó unas monedas sobre el mostrador.
—Hasta más ver —se despidió.

Caminó calle abajo, pasó de largo por delante de la puerta de la Lonja y se dirigió hacia el muelle. Por la bocana del puerto ya entraban las primeras embarcaciones. Los cascos se hundían en el mar y Claudio imaginó las redes llenas de congrios, de fanecas, de pulpos… Se sentó al borde del muro de piedra, encendió un cigarrillo y miró hacia el barco que entraba en aquel momento en el puerto. Era un palangrero de casco pintado de blanco. Leyó el nombre en la quilla: “Rosalía”.
Luego llegaron dos trasmalleros pequeños, un par de botes, un cerquero llamado “Poniente”…
Claudio apretaba los párpados para distinguirlos en la lejanía tratando de descifrar su nombre en la proa. Cuando se acercaban lo suficiente para que pudiera leer sin dificultad, dejaba de mirarlos y volvía la vista al horizonte, en busca de los que iban llegando.
Dos horas más tarde, se levantó, se sacudió los fondillos del pantalón y empezó a caminar hacia el puerto. Cuando casi había llegado al final del muelle se cruzó con Matías, el dueño de un arrastrero de nombre “Joana”.
—¿Qué tal, Claudio, ya de regreso?
—Sí, de regreso.
—Hoy tampoco ha venido tu hijo…
—Hoy tampoco.
—A ver si mañana hay más suerte…
—Eso. A ver si mañana.

5 comentarios:

  1. .
    Jo, Vichoff, en el regate final siempre me la cuelas por debajo de las piernecillas y llevas el balón hasta la misma red (de pesca).

    Mientras leía, imaginaba a la vez dos o tres finales. El tuyo los anula por mejoría.

    :-)

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  2. Qué maravilla de texto, Vichoff. Me has emocionado. He sentido la necesidad de leerlo varias veces para ver si, por fin, ha regresado. A ver si mañana… Precioso.

    Besos y abrazos.

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    Respuestas
    1. Gracias, niña dulce.
      Me encanta gustarte, ya lo sabes.

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  3. .
    Eeeehhhh? Qué ha pasado aquí? Hace unos días dejé un comentario que no aparece. Serán cosas del directo. En totá venía a decir que de los tres finales que iba imaginando mientras leía, no acerté ni uno y que, como pasa siempre, el tuyo era el mejor.

    :-)

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