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lunes, 26 de agosto de 2013

SERIE NEGRA VI: EL OSCURO PASAJERO

Para los seguidores de la serie, los veteranos (Carmen Fabre, Pedro P. de Andrés, Lydia Cotallo, Cristina Ares, MCarmen Azcona...) y los recién llegados (Rosa Jaén, Paloma Navarro..)
Espero que os guste.
Y para todos los que se acerquen a leer, claro.






DE MÍ NADIE SE RÍE 


Tomó la decisión de no ir derecho a casa un instante después de que su secretaria le dejara sobre la mesa la última firma del día. Detrás de la ventana, la ciudad empezaba a anochecer sobre el telón anaranjado del otoño. Aún era pronto, aún podía inventar una excusa.
Llamó al fijo y adujo un problema de última hora, uno de esos contratiempos que surgen cuando uno piensa que ya ha terminado. Su mujer no puso objeciones, como siempre. Se limitó a hacer la preceptiva observación de que, una noche más, los niños se acostarían sin verle, pero ni un asomo de reproche en su voz, ni un indicio de protesta. Después de quince años, estaba casi acostumbrada.

Iván llevaba varias semanas esquivándole, ignorando sus llamadas. No había contestado ni a uno solo de sus mensajes y había dejado de aparecer por los lugares en los que solían encontrarse.
Cuando se quiso dar cuenta, ya era demasiado tarde para sujetar aquella rabia que, día a día, le había crecido en las tripas hasta envenenarle el pensamiento.

—No sigas —le había dicho la primera vez.
—Claro que voy a seguir —había contestado Iván, arrodillado entre sus piernas.
Luego le había ofrecido su dorso moreno, la oquedad oculta entre sus nalgas. Él se había aferrado a aquella grupa y le había montado sin darse cuenta de que aquel galope era la entrada de un túnel que tal vez no tenía salida.

Su coche era uno de los pocos que quedaban en el parking de la Comisaría. Condujo deprisa hasta el “Oasis”. Sabía que Iván no estaría allí pero tenía la esperanza de encontrar a alguno de sus amigos, tal vez Joâo, el brasileño que de vez en cuando le pasaba una china, o Trini, la compañera de piso de su antiguo novio.

El local estaba menos iluminado que de costumbre pero no le costó trabajo distinguir a Joâo al fondo de la barra, cerca de los servicios, entretenido en algo que tenía todo el aspecto de ser un intercambio. Se abrió paso entre le gente que cercaba la barra, esperó a que Joâo acaba la transacción y, sin darle tiempo a nada, le agarró por las solapas y le estampó la espalda contra la pared.
—Me vas a decir ahora mismo dónde está Iván si no quieres tener a la pasma en tu casa dentro de una hora haciéndote un registro.
Joâo intentó zafarse pero en el primer intento su cabeza golpeó con fuerza el muro. Le miró asustado y lo que vio en sus ojos debió de ser más fuerte que su orgullo.
—No sé dónde puede estar —balbució, pero un nuevo golpe le decidió a seguir hablando—… pero últimamente va mucho por “Morgana”…

El “Morgana” estaba a las afueras, medio oculto por una chopera a la que se llegaba por un desvío de la carretera nacional. Aparcó lejos de la puerta junto a un murete que separaba las fincas y, antes de entrar, se aseguró de que llevaba la pistola en el bolsillo.
Iván estaba bailando casi en el centro de la pista, muy abrazado a un grandullón rubio de aspecto inquietante. Llegó hasta ellos y, ocultándola entre el cuerpo de ambos, sacó la pistola.
—Lárgate —le dijo al rubio, que dudó un instante antes de ver el arma y retroceder con gesto incrédulo —Y tú —dijo encañonando a Iván—, te vas a venir conmigo.

No quiso escucharle, no quiso oír las excusas que Iván le ofrecía mientras le llevaba a trompicones por el camino de grava, agarrado del brazo, hasta el coche.
—Tío, no seas capullo, ¿quieres creer lo que te digo?
Le empujó sobre el capó, le buscó las manos y le puso las esposas.
—Como grites te mato aquí mismo —dijo inclinándose sobre él.
Le bajó el pantalón.
—De mí no se ríe nadie, ¿te enteras? —dijo con la primera embestida—a mí nadie me da esquinazo ni deja de contestarme ni me toma el pelo, cabrón de mierda.

Procuró no hacer ruido al acostarse y se durmió enseguida, arrastrado por el alivio y el desahogo. No sabía que, desde hacía una hora, un oscuro pasajero en forma de retrovirus navegaba su sangre a bordo de sus linfocitos T.

9 comentarios:

  1. La leche... Es estremecedoramente bueno, querida.

    Besos.

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    1. Gracias, Carmen, me encanta escribir para ti, ¿te lo había dicho?
      Un abrazo grande, grande.

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  2. ¡Hija por dió!Si es que no se puede ser tan prepotente, que luego te llevas un pasajero no deseado.
    Besos

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  3. ¡Guau! Recuerdo cuando leí este relato por primera vez hace ya mucho tiempo. No recuerdo si lo hiciste público tú o lo hizo Esther por ti. El caso es que me dije: esta chica vale :-)
    Fantástico relato. Me ha encantado leerlo de nuevo.
    Un besazo.

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    1. ¡Jajaja! Me encanta lo de "esta chica vale", Frida. Por lo de "chica", claro.
      Gracias, cariño, un abrazo.

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  4. Respuestas
    1. Gracias a ti, Paloma.
      Espero seguir gustándote mucho tiempo.
      Besos.

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  5. ¿Qué si me gusta? Guauuuuuuuuuuu. Y qué final… genial.

    No sé cómo eres capaz de abarcar tantos registros. ENHORABUENA.

    Besos y abrazos.

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    1. Hubo un tiempo en que mi musa se portaba.
      Ahora, como todo el mundo sabe, está en el Caribe, con la de Nanny. Un par de golfas, jamía.
      Besos, niña dulce.

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