Estoy vaga pero no del todo inactiva. Tras arduos esfuerzos, con la ayuda impagable de Pedro P. de Andrés, el arte de Caco Manrique y la magnífica traducción de Silvia Cuevas-Morales, he conseguido poner Maneras de perder en Amazon, en español y en inglés.
Por si os da pereza o tenéis problemas para conseguirla en papel.
Os dejo los enlaces. Atentos a la portada, es una especie de metáfora del contenido.
Gracias a todos.
http://www.amazon.es/gp/product/B017TCUT84?*Version*=1&*entries*=0
http://www.amazon.es/gp/product/B017TCUVBO?*Version*=1&*entries*=0
Nunca es tarde para empezar. "Las cosas de la caja", sí. Es que yo soy muy de cajas. Me gustan las cosas ordenadas, dentro de un desorden, y las cajas son fantásticas para eso. Tengo varias. Esta en concreto contiene relatos. Cortos. La dosis justa de texto para, por ejemplo, leer uno cada noche antes de acostarse (como el que se toma el vaso de leche o el ansiolítico) o cada mañana (como quien se bebe el zumo de naranja). O a demanda, que dicen los galenos.
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miércoles, 11 de noviembre de 2015
domingo, 8 de noviembre de 2015
EL REY Y LA REINA
He repasado todas las entradas del blog y no encuentro ninguna con este título así que supongo que el texto es nuevo en este espacio.
Me lo ha recordado el anuncio de la presentación del libro de Soledad Serrano Fabre Pudo suceder así.
Va por ella y por el éxito seguro del libro (Soledad es de las Grandes).

Imagen tomada de kappostorias.blogspot.com
Me lo ha recordado el anuncio de la presentación del libro de Soledad Serrano Fabre Pudo suceder así.
Va por ella y por el éxito seguro del libro (Soledad es de las Grandes).

Imagen tomada de kappostorias.blogspot.com
EL REY Y
LA REINA
Los amantes se encontraron en una de las puertas de la muralla y
se fundieron en un abrazo apasionado.
—¡Amor mío! —susurró ella.
—¡Luz de mi vida, oasis de mi desierto! —contestó él.
—Cuánto tiempo desde la última vez…
—Demasiado, paloma mía… Llevo varias noches sin dormir pensando en
este momento.
—Yo también, azor de mi corazón.
—¿Y tu marido, rosa de Jericó?
—Allá abajo, en nuestro campamento, roncando como un gorrino.
Cuando coge el sueño no lo despiertan ni los truenos de Santa Bárbara.
—Qué ganas tengo de que acabe todo esto, Isabel…
—Y yo, galgo mío, pero pronto nuestros problemas dejarán de serlo.
¿Sabes, Boabdil, que me he comprado una
camisa nueva para cuando llegue el gran día?
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